Venía a contarte que, desde que te fuiste, casi me dejo llevar por la guerra. Aquella maldita guerra interna, otra vez. Pero no.
Rompí todas las cadenas que me ataban a ti y, desde que ya no estás, me he devuelto a la vida.
Ahora, la soledad, no es soledad, desde que la lleno de mí misma.
Hace mucho que no le hablo a mi guitarra de ti, y ni si quiera te echamos de menos.
No te busco en esa carretera que era la vida contigo, llena de curvas.
Con los pedazos que hiciste de mi, he construido un jarrón, donde me florecen las alegrías.
Con todas las piedras con las que nos fuimos tropezando, he ido levantando mi propia fortaleza.
Y, ahora, con la huella que me dejaste, voy pisando cada vez más firme.