martes, 3 de mayo de 2022

Por todas las cosas que nunca te dije.

Venía a contarte que, desde que te fuiste, casi me dejo llevar por la guerra. Aquella maldita guerra interna, otra vez. Pero no.


Rompí todas las cadenas que me ataban a ti y, desde que ya no estás, me he devuelto a la vida. 

Ahora, la soledad, no es soledad, desde que la lleno de mí misma.

Hace mucho que no le hablo a mi guitarra de ti, y ni si quiera te echamos de menos.

No te busco en esa carretera que era la vida contigo, llena de curvas.

Con los pedazos que hiciste de mi, he construido un jarrón, donde me florecen las alegrías.

Con todas las piedras con las que nos fuimos tropezando, he ido levantando mi propia fortaleza.


Y, ahora, con la huella que me dejaste, voy pisando cada vez más firme.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Vacíos de más, personas de menos.

Hacía tanto que no te escribía, que no sé ni cómo empezar...

No sé cómo decirte que te echo de menos, que a veces he querido que volvieses y que, en fin... que tu ausencia se me está haciendo un vacío inmenso.

¿Recuerdas nuestro lugar? Se ha hecho sólo mío, y está precioso, pero no dejas de faltar tú, como en mi vida. 

Y hablando de vida, ¿qué tal la tuya? ¿alguien ha llegado para completarte de nuevo? Tu hueco sigue intacto, y parece tener el pensamiento de quedarse aquí de por vida, o al menos una larga temporada. Aunque pensándolo bien, tampoco quisiera que cambiase, es la única forma que tienes de seguir aquí conmigo, doliéndome.

Que contigo he perdido un tren más en mi vida, eso es lo que me dicen, pero a mi qué más me da, si es el mejor tren que cogí en su día, la mejor oportunidad que supe elegir, y qué bien supimos aprovecharla. Qué bien se nos daba alegrarnos la vida...

Pero ya no. Ya no me gustan tanto los despertares. No me gusta no tenerte. No me gusta tener frío en invierno. No me gusta que el tiempo vuelva a pasar lento. No me gusta estar triste. No me gusta esto. Y en fin, que no me gusta que todo me recuerde a ti.

martes, 21 de julio de 2015

Nos rompimos.

Como lo hace un vaso de cristal, cayendo de la encimera.
Aquella encimera donde un día, tú y yo, consumimos las ganas a base de besos. Las ganas tontas que nos teníamos, que tontamente vinieron, y tontamente se desvanecieron. Sí, están completamente desvanecidas, al igual que el futuro que tanto me ilusionaba a tu lado.

¿Es que acaso ya se te ha olvidado la promesa de estar el uno por el otro, eternamente? Tanto recordar una simple promesa, para que eternamente sólo fuera poco tiempo, mucho menos del que soñamos estar el uno al lado del otro.

El único fallo simplemente residió en mi ingenuidad, ¿por qué debería haberte creído? Eso fue como un suicidio en toda regla.

miércoles, 4 de junio de 2014

Echar de más lo que eché de menos.

Como cuando sonaba esa canción y me dedicabas cada verso, cada palabra, cada letra.
Como cuando me ganabas con tus palabras.
Como cuando no podía estar ni un segundo sin hablarte.
Como cuando no era capaz de irme a dormir si no tenía tus buenas noches.
Como cuando te dediqué más tiempo del debido.
Como cuando hubiera matado por borrar todos esos kilómetros.
Como cuando cada día sin saber de ti dolía más que un millón de puñaladas.
Como cuando te creí hasta en la más mínima mentira.
Como cuando fuimos sin llegar a ser.
Como cuando ese dolor me enganchaba cada vez más a ti.
Como cuando pensé que, al igual que yo a ti, tú también me echarías de menos.
Como cuando no sabíamos que aquel sería el último adiós.

miércoles, 1 de enero de 2014

Qué esperar de otro año que viene.

Querido 2014:
Aprovecho desde el primer momento para ponerme en contacto contigo. Sólo pedirte que te portes bien conmigo y me aportes cosas que de verdad merezcan la pena, ya sean personas, momentos, ilusiones, desilusiones o lecciones.
Me conformo con que simplemente todas esas cosas me sirvan para reflexionar y aclararme las cosas, saber si algo me puede llevar a buen puerto o no, si es necesario esperar o, por el contrario, es una pérdida de tiempo.
Alguien que hoy por desgracia ya no está pero que en su día significó mucho para mí me contó su filosofía de vida, y más razón no podía tener. Decía algo así como que si crees que algo supone una pérdida de tiempo para alguien (ya seas tú mismo o sean terceras personas) lo mejor es quitárselo de encima cuanto antes, porque total… ¿qué ganas tirando el tiempo o haciendo a alguien que lo tire pudiendo aprovecharlo en otras cosas? Es absurdo.
En fin, que el 2013 no fue mi año, porque la mayor parte me basé en desaprovechar algo sin pararme a pensar que realmente era una pérdida de tiempo. Pero me quedo con lo bueno, con grandes personas que han venido y me han hecho pasar demasiados buenos momentos, dejando recuerdos que van a perdurar.
Así que bueno, me dejo de rodeos, y sólo espero que el 2014 merezca la pena como el 2013 nada más supo hacerlo en contadas ocasiones.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Noviembres fríos.

Encendió su cigarro y salió por la puerta. Una noche más, como después de cada discusión, se disponía a ir al banco, a su banco. Allí sentada, se puso a reflexionar, ¿de verdad era eso lo que ella quería? ¿Esa era la vida que quería tener al lado de aquel chico? La eterna pregunta se formulaba unas cuantas veces en su cabeza, mientras ella… Bueno, ella se limitaba a agachar la cabeza y dejar que las lágrimas bajasen lentamente por sus mejillas.
En cambio, esta vez había algo distinto, algo indicaba que había llegado el momento final. Esta vez, él no fue a buscarla, como ya era costumbre. Él no fue y ella tampoco le esperaba, a diferencia de otras veces.
Un frío mes de noviembre empezaba, y ellos tendrían que acostumbrarse a ese frío, a la soledad, a los cafés de sabor amargo por las mañanas. Llegó la hora de que ya fuera costumbre el hecho de despertarse y que, al girar la cabeza, ya no hubiera nadie allí.

¿Quién compondría ahora canciones para ella? ¿Quién le llevaría ahora a él el desayuno a la cama? La respuesta es la misma que si preguntamos quién ocuparía el lugar del otro. La respuesta es nadie, porque ambos lo quisieron así.

Quizás.

Quizás fuera tu físico.
Quizás fuera tu personalidad.
Quizás fueran tus apariencias.
Quizás fuera tu soltura.
Quizás fuera el cómo me tratabas.
Quizás fuera lo cabrón que eras.
Quizás fuera el hecho de darme una de cal y mil de arena.
Quizás fuera lo que me hacías reír.
Quizás fueran aquellas horas muertas que pasábamos hablando.
Quizás fuera tu don de palabra.
Quizás fuera mi necesidad de escapar de todo.
Quizás fuera el hecho de que en ti encontré el refugio perfecto.
Quizás fuera que nunca supe dejar de verte con buenos ojos.
Quizás fuera mi propia necesidad.
Quizás fuera que tú supiste reponerme por completo.
Quizás fuera esta soledad.
Quizás fuera que sabía que cualquier día te perdería.
Quizás fueran todos aquellos momentos.
O quizás no. Quizás fue todo eso junto lo que un día me enganchó a ti de esta manera tan absurda.