Como lo hace un vaso de cristal, cayendo de la encimera.
Aquella encimera donde un día, tú y yo, consumimos las ganas a base de besos. Las ganas tontas que nos teníamos, que tontamente vinieron, y tontamente se desvanecieron. Sí, están completamente desvanecidas, al igual que el futuro que tanto me ilusionaba a tu lado.
¿Es que acaso ya se te ha olvidado la promesa de estar el uno por el otro, eternamente? Tanto recordar una simple promesa, para que eternamente sólo fuera poco tiempo, mucho menos del que soñamos estar el uno al lado del otro.
El único fallo simplemente residió en mi ingenuidad, ¿por qué debería haberte creído? Eso fue como un suicidio en toda regla.
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