domingo, 1 de noviembre de 2015

Vacíos de más, personas de menos.

Hacía tanto que no te escribía, que no sé ni cómo empezar...

No sé cómo decirte que te echo de menos, que a veces he querido que volvieses y que, en fin... que tu ausencia se me está haciendo un vacío inmenso.

¿Recuerdas nuestro lugar? Se ha hecho sólo mío, y está precioso, pero no dejas de faltar tú, como en mi vida. 

Y hablando de vida, ¿qué tal la tuya? ¿alguien ha llegado para completarte de nuevo? Tu hueco sigue intacto, y parece tener el pensamiento de quedarse aquí de por vida, o al menos una larga temporada. Aunque pensándolo bien, tampoco quisiera que cambiase, es la única forma que tienes de seguir aquí conmigo, doliéndome.

Que contigo he perdido un tren más en mi vida, eso es lo que me dicen, pero a mi qué más me da, si es el mejor tren que cogí en su día, la mejor oportunidad que supe elegir, y qué bien supimos aprovecharla. Qué bien se nos daba alegrarnos la vida...

Pero ya no. Ya no me gustan tanto los despertares. No me gusta no tenerte. No me gusta tener frío en invierno. No me gusta que el tiempo vuelva a pasar lento. No me gusta estar triste. No me gusta esto. Y en fin, que no me gusta que todo me recuerde a ti.

martes, 21 de julio de 2015

Nos rompimos.

Como lo hace un vaso de cristal, cayendo de la encimera.
Aquella encimera donde un día, tú y yo, consumimos las ganas a base de besos. Las ganas tontas que nos teníamos, que tontamente vinieron, y tontamente se desvanecieron. Sí, están completamente desvanecidas, al igual que el futuro que tanto me ilusionaba a tu lado.

¿Es que acaso ya se te ha olvidado la promesa de estar el uno por el otro, eternamente? Tanto recordar una simple promesa, para que eternamente sólo fuera poco tiempo, mucho menos del que soñamos estar el uno al lado del otro.

El único fallo simplemente residió en mi ingenuidad, ¿por qué debería haberte creído? Eso fue como un suicidio en toda regla.